Rafael Caldas: "Feria Libre: Compras y Tradición"
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Vegetales, cárnicos, pescado, frutas, ropa, electrodomésticos…. Que más se puede pedir. Un cosmos infinito de productos, cosas y personajes. Es un lugar donde se conjuga la memoria popular y la cuencanidad. Conocido como “Feria Libre” o “el Arenal”; a este mercado que se confunde entre la modernidad y la tradición, acuden miles de amas de casa a realizar sus compras semanales de víveres para el hogar y se topan con lo más variado de la cultura popular.
Al llegar y alzar la mirada te saluda un inmenso letrero que dice: “Centro Comercial El Arenal”; de inmediato tu mirada hace un reconocimiento circular del lugar y observas ya en la entrada la mezcla que marcará el recorrido por sus callejones y puestos. Encuentras desde oficinas de la empresa municipal Etapa, pasando por frigoríficos, centros de belleza, locales que venden celulares y hasta un local de ropa artesanal.
La diversidad no es solo de puestos de venta, sino de personas también, junto al tradicional ceviche de balde encuentras pelucones y no pelucones, que han hecho de esto una tradición del fin de semana, más allá algunos que aún no se recuperan de la trasnochada y aún llevan la botella de licor en sus manos, dos niños que juegan con una pelota desgastada, pero su habilidad hace que ni cuenta se den del mal estado de la pelota; en las gradas dos veteranos que con periódico en mano discuten sobre la obra municipal y el malestar que causan los arreglos que se realizan en las calles.
Bueno es hora de ingresar; de inmediato a lo que ingreso una señora “joven mire nomás, que busca”, mas allá otra “vea joven buena ropa” y los llamados se diversifican y vienen de la izquierda, de la derecha, de atrás y adelante, que mezclados con todo tipo de música nacional e internacional que suena a todo volumen: pasillos, reggaetón, cumbias…. se convierte en una verdadera audioteca popular. Encuentras desde celulares y electrodomésticos usados y nuevos, hasta una camiseta Armani de 15 dólares y unos zapatos adidas o puma de 30 dólares y con rebaja; cds de todos los artista y todo los géneros; un tipo que deambula gritando “compre pilas, tres paquetes un dólar”, hasta un niño que te vende “frunas” a veinte y cinco centavos. Encuentras todo tipo de marcas, todo tipo de precios; “vea nomás sin compromiso” es lo que dice doña Julia dueña de un puesto de ropa, en el que ya lleva unos ocho años, y al que con cariño llama su segundo hogar. Dejando de un lado ya la tecnología, la ropa, los zapatos y los centros de belleza, paso al verdadero mercado donde su mezcla de colores y olores lo hace único e inconfundible.
Como un Hito de división los baños públicos marcan el paso del centro comercial a las verduras, papas, comida y una infinidad de productos… un verdadero oasis culinario. De inmediato comienzan los gritos: “papitas buscaba”, “patroncito vea fresquito esta” o “venga nomás vea: papas, porotos, de todo tengo”. El color se intensifica, por acá el café de las papas, por allá el verde de las arvejas, el rosado de la cebolla, el verde de las coles y así se forma un verdadero arcoíris. Olores que se mezclan de igual forma en un instante, que incluso ya no sabes que apercibes. El ambiente es cordial y lleno de alegría, uno se siente siempre adulado, se va por allá: las conversaciones y las risas de las típicas vendedoras que con su delantal inseparable y su banquito de madera desgranan las mazorcas de maíz o pesan y acomodan todos los productos. Y en medio del circo multicolor se levantan dos capillas dedicadas a la Virgen de la Nube y del Cisne, las cuales siempre tienen velas encendidas de sus devotos, en la parte posterior de estas capillas todo lo contrario; atrás de la virgen de la nube el olor a carne y sangre fresca; las carnicerías que con su color rojo vivo, tiene todos los tipos de carne de res, cerdo o pollo, menudencias, embutidos y hasta “costillas bien huesudas”. En la parte posterior de la “Churona” como le dicen a la Virgen del Cisne, todo lo plástico: tinas, platos, vasos y escondidos por ahí una que otra ropa e incluso regalos como peluches y perfumes.
El camino sigue y cada vez más se incrementa el oleaje de gente que va y viene, que se detiene y avanza a toda prisa, te desvía y te lleva a la parte posterior donde el orden ya dejo de ser lo común. Estás en la parte posterior en donde una verdadera mixtura te saluda y te sorprende, aquí hay de todo: frutas, legumbres, leguminosas, carne, comida, productos marítimos e incluso una señora que junto a sus “papas chauchas” vende ropa interior. Perros que se pasean recogiendo las sobras de las carnicerías, pequeñines que juegan con sus canicas y algunos mendigos que entre los rechazos recogen algo para lo que hoy será su almuerzo.
Avanzas y el olor a mariscos se intensifica y es el predominante, el pescado, el camarón, el cangrejo, la concha y una que otra cevichería llenan tu vista y los gritos de todas partes siguen llegando a tu oído que parece haberse acostumbrado a la melodía del mercado. Te ofrecen liza, bagre o corvina; es como estar en la orilla del mar a la madrugada cuando los barcos pesqueros llegan a descargar, “todo fresco” te dice con acento costeño un moreno, quien afirma tener el mejor cangrejo del lugar.
Caminas un poco más y el olor cambia, te atrae y te lleva como hipnotizado a ese lugar donde lo olores ya son exquisitos; el sector de la comida. De inmediato comienza el “pruebe, venga saboree”; hay de todo: caldo de gallina criolla, de patas, de mocho, pescado frito, aguas medicinales, bebidas exóticas; pero, el protagonista es el típico hornado. Un Cerdo hornado con la cascara crujiente, que servido con mote, unos llapingachos y un poco de ensalada… buen provecho me dice Doña Julia al servirme el plato y verdaderamente que es un buen provecho, que sabroso que es.
Luego de comer, llego la hora de despedirme del bullicio, de los olores y colores que combinados hacen de este lugar imposible de describir por completo. Pero, sorpresa me faltaba la tienda de mascotas, si es que también aquí se vende animales y vaya que existe una variedad de animales: cuyes, gallinas, pericos, perros, pavos, patos, cerdos… va mejor que la veterinaria del barrio, aquí consigo un sharpei o un pastor alemán y vaya que son baratos: a 5 dólares, no está mal. Es que en realidad ¿qué no hay en este lugar?
Sin duda la feria libre es imposible de describirla por completo, es un cumulo de todo, es como un pequeño mundo donde se consigue de todo y para todos, es un mercado lleno de sorpresas y sobre todo lleno de cultura y costumbre popular. Es inevitable caminar por sus callejones y no toparse con la realidad y el sabor de nuestro pueblo; con su idiosincrasia, con su léxico y sus costumbres, es mejor que leer un libro de sociología ecuatoriana y cuencana.
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Priscila Castro dijo
Rafa, sin lugar a dudas ningún lugar de la Feria Libre se escapó de ser descrito por tu persona.. Me gusta, la forma detalla que utilizas en cada párrafo e idea relatada.. Ir a un mercado es mejor que ver un documental de alimentos.
28 Octubre 2009 | 06:10 AM